:: Fin del mundo :: Capitulo I, “Renacer”

…Y los poetas marcharon.

 

Ligeros de equipaje, con sus poemas vírgenes bajo el brazo,

Las hojas caían por el camino y las palabras se diluían

en el whisky derramado por las fiestas.

Las fotos se amarillearon y dejaron paso a los pixeles intermitentes.

Como un destello, solo existía la amistad cuando el ordenador se encendía.

Como actores en una serie, un papel, una sesión y un nuevo programa.

 

Se acabaron los silencios entre humanos,

esos silencios que lo decían todo.

Se acabó el aburrimiento,

ese que era creador de brillantes ideas.

Se acabó el sufrimiento, de letargo en letargo, de fiesta en fiesta.

Se acabó el amor, se plastificó y se situó en las baldas comerciales

como cualquier perfume, teléfono o zapatos.

 

Los poetas marchaban por el sendero del ocaso de la fiesta,

entre cristales cortantes de botellas vacías.

Entre agonía y tristeza su corazón frustrado se derramaba

en el camino cayendo por las alcantarillas.

Buscando reflejos de unos ojos cómplices en los charcos mugrientos.

Buscando unas palabras sin guión, una piel amable al sol y la lluvia.

Pero los espejismos nublaban la verdad, la verdad era la nada.

 

Los poetas se tocaban las cicatrizes de su alma,

Felices del recuerdo…

Recordando la música en la noche de hogueras y misterios.

Recordando el miedo de los besos, las risas de la ilusión,

los cielos púrpura en escalones tras la lluvia.

Sus pasos dejaban un eco real, y atrás quedaba el mundo,

Un mundo de murmullos y risas huecas, de música sin notas,

De risas sin alma, de corazones latiendo el vacío absoluto,

De espasmos, de incomprensión…

 

Y los poetas se encontraron huyendo, y las nubes de ese mundo quedaron atrás

La luz y el calor cayeron del cielo secando sus lagrimas, la tinta de sus poemas.

Y se desintegró aquel velo de intentar amar,

y vieron con claridad los ojos de los demás corazones que huían.

Atrás quedó aquel mundo incomprensible,

aquel mundo de gente sola, aquella mentira de colores,

Allí quedaron dando saltos abrazados, embriagados,

Metidos en su papel para huir de su insoportable soledad.

 

Y los poetas dejaron de caminar y vieron que no eran ellos los que huían,

que aquel mundo histérico era el que se alejaba,

con cada paso que daban lo apartaban hacia perderlo en el fin.

La tierra era de los poetas, siempre fue de ellos

¡Faltaría más!

 

Y quedaron sobre la tierra mojada, tras la lluvia de la locura,

respiraron y sonrieron.

Un cielo claro, un aire limpio, unas miradas cristalinas miraron al horizonte.

Y con la profunda voz que sale del corazón ancestral dijeron:

-Hemos vuelto.

 

 

“En algunas noches de tormenta se oye un eco

de murmullos y risas estridentes,

Un eco de un mundo de gente muy feliz,

pero os contaré un secreto de poeta:

Todavía no saben que no existen…”

 

Rafael Lucas. 20 Dic 2012.

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